Lo menos común pero más sorprendente.
Londres.

El reconocido dramaturgo George Bernard Shaw tenía una muy pequeña cabaña que usaba para escribir. La misma fue construida sobre una pista circular, de este modo el podía moverse para seguir la luz del sol durante todo el día. Dentro de la cabaña había una máquina de escribir, un calentador eléctrico, un teléfono para emergencias y una pequeña cama para tomar descansos. A su pequeño pero increíble lugar lo llamó “Londres” para que a los visitantes no deseados se les pudiera decir que él no se encontraba ya que estaba “visitando la capital”.
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