Lo menos común pero más sorprendente.
Siempre hay un roto para un descosido.

Muchos músicos han sido trascendentales en la evolución de la industria, uno de ellos fue el pianista Anton Rubinstein, fallecido en 1894, a este le gustaba quedarse en la cama hasta tarde, pero por suerte su esposa descubrió una forma inteligente de sacarlo de su zona de confort, ella tocaba acordes incompletos en el piano, lo que al pianista le molestaba tanto que se levantaba de la cama y completaba el acorde. Mientras se encontraba despierto, su mujer Vera Tshekuanova se tiraba ocupando toda la cama para así evitar que volviera a subirse.
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