Quien dijo que no se puede comprar la felicidad

“Le compré a mi cachorro una silla a juego para que dejara de robar la mía. No hace falta decir que está muy contento”, fue el comentario que hizo este usuario de internet. Ahora bien, la sonrisa y genuina felicidad de este hermoso perrito nos contagia, pero ¿que hay de la cara de amargura del felino detrás de él? El gato también quiere su propia silla.



